Jorge Bucay

"Estos cuentos han sido escritos sólo
para señalar un lugar o un camino.

El trabajo de buscar dentro,
en lo profundo de cada relato,
el diamante que está escondido...

...es tarea de cada uno"

lunes, 31 de enero de 2011

El papel arrugado

tomada esta historia de la web de Carlos del Pino (DelPinoCoaching, aquí )

Un día un maestro que vio a un niño dando excusas de una explosión de ira, lo llevó a la clase y, entregándole una hoja de papel, le dijo:

-¡Estrújalo!

Asombrado obedeció e hizo una bolita...

- Ahora, !déjalo como estaba antes!


Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba.... por más que lo intentó, el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.

- El corazón de las personas, dijo, es como ese papel… la impresión que en ellos dejas será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Adaptado de G. Heger

sábado, 15 de enero de 2011

El camello y la cadena invisible

Un veterano mercader de cammellos atravesaba el desierto del sáhara junto con su hijo adolescente, que era la primera vez que lo acompañaba. Al caer la noche, decidieron acampar en un oasis. Tras levantar la tienda, padre e hijo empezaron a clavar estacas en el suelo para atar con cuerdas a los camellos. De pronto, el joven se dio cuenta de que tan solo habían llevado 19 estacas 19 cuerdas, y en total había 20 camellos.

-"¿Cómo atamos a este camello?", preguntó inquieto el hijo adolescente.

Y el mercader, que llevaba muchos años recorriendo el desierto, le contestó sonriente:

-"No te preocupes, hijo. Estos animales son tontos. Haz ver que le pasas una cuerda por el cuello y luego simula que lo atas a una estaca. Así permanecerá quieto toda la noche".

Eso es precisamente lo que hizo el chaval. El camello, por su parte, se quedó sentado e inmóvil, convencido de que estaba atado y de que no podía moverse.

A la mañana siguiente, al leventar el campamento y prepararse para continuar el viaje, el hijo empezó a quejarse a su padre de que todos los camellos le seguían, excepto el que no había atado. Impasivo, el animal se negaba a moverse.

-"¿No sé que le pasa a este camello!", gritó indignado.

-"Parece como si estuviese inmovilizado".

Y el mercader, sin perder la sonrisa, le replicó:

-"!No te enfades hijo! El pobre animal cree que sigue atado a la estaca. Anda, ve y haz ver que lo desatas".


El Pais Semanal, nº 1.783 Domingo 28 de noviembre de 2010

jueves, 30 de diciembre de 2010

El águila y la gallina de corral

Caminando por un prado, un granjero se encontró con un huevo de águila. Lo metió en una bolsa y, una vez en su granja, lo colocó en el nido de una gallina de corral. Así fue como el aguilucho fue incubado y criado junto a una nidada de pollos.

Al creer que era uno de ellos, el águila se limitó a hacer durante toda su vida lo mismo que hacían todos los demás. Escarbaba en la tierra en busca de insectos y gusanos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, imitando así el vuelo del resto de las gallinas.

Los años fueron pasando y el águila se convirtió en un pájaro fuerte y vigoroso. Y un buen día divisó una magnífica ave que planeaba majestuosamente por el cielo. El águila no podía dejar de mirar hacia arriba, asombrada de cómo aquel pájaro surcaba las corrientes de aire moviendo sus poderosas alas.


-"¿Que es eso?", le preguntó maravillada a una gallina que estaba a su lado.

-"Es el águila, el rey de todas las aves", respondió cabizbaja su compañera.

- "Es todo lo contrario de lo que somos. Tú y yo hemos nacido para mantener la cabeza agachada y mirar hacia el suelo".

Y así fue como el águila nunca más volvió a mirar el cielo. Tal como le habían dicho, murió creyendo que era una simple gallina de corral.


El Pais Semanal. Nº 1783 Domingo 28 de noviembre de 2010