Jorge Bucay

"Estos cuentos han sido escritos sólo
para señalar un lugar o un camino.

El trabajo de buscar dentro,
en lo profundo de cada relato,
el diamante que está escondido...

...es tarea de cada uno"

martes, 10 de abril de 2012

El billete de 500 euros

Pablo, con el rostro abatido de pensar, se reúne con su amiga Laura en un bar a tomar un café.

Deprimido, descargó en ella sus angustias… que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación!… Todo parecía estar mal en su vida…

Laura introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 500 euros y le dijo: “¿Quieres este billete?”.

Pablo, un poco confundido al principio, le contestó: “Claro, Laura… son 500 euros ¿Quién no los querría?”.

Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola…

Mostrando la estrujada pelotita a Pablo, volvió a preguntarle: “Y ahora, ¿lo quieres también?”.

“Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 500 euros. Claro que lo aceptaré si me lo das”.

Laura desdobló el billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado. “¿Lo sigues queriendo?”.

“Mira, Laura, sigo sin entender a donde vas, pero es un billete de 500 euros y mientras no lo rompas, conserva su valor…”

“Pablo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido… Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado”.

Pablo se quedó mirando a Laura sin atinar a decir palabra alguna, mientras el Impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro…

Laura puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

“Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal… pero me debes un billete nuevo de 500 euros para poderlo usarlo con el próximo amigo que lo necesite”.

Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta.
Pablo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta…

Pero realmente, un billete de 500 euros es un insulto ante nuestro infinito valor y ojalá nos diésemos cuenta en vida y con salud y no esperásemos a que el infarto sea nuestro maestro, a experiencias cumbre como la de la neurocientífica Jill Bolte Taylor o a la muerte/desencarnación.

Nunca es tarde para re-descubrir que los 24 kilates los llevamos incorporados desde el nacimiento y solo tenemos que “recordar” y pulir.

Fuente: María del Mar Jiménez "Can-Men". El Blog Alternativo


miércoles, 7 de marzo de 2012

Cuento sobre el camino propio

Un sabio maestro llamado Lin estaba acostado en su lecho de muerte, rodeado por sus discípulos. Lloraba desconsoladamente y nadie lograba confortarlo.
Uno de sus alumnos le preguntó: "Maestro, ¿por qué está llorando? ¡Si usted es casi tan inteligente como el patriarca Abraham y tan bondadoso como el mismo Buda!".
Al escuchar esto, el anciano Lin respondió: "Cuando parta de este mundo a comparecer ante el Tribunal Celestial nadie me cuestionará por qué no fui inteligente como Abraham o bondadoso como Buda. Por el contrario, la pregunta que me harán será: "Lin, ¿por qué no fuiste como Lin? ¿Por qué no ejerciste tu potencial? ¿Por qué no seguiste la trayectoria que era la tuya propia y personal?"

Cuento extraído del libro 
"Coaching, el arte de soplar brasas", 
de Leonardo Wolk

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cambio de paradigma

Dos acorazados asignados a la escuadra de entrenamiento habían estado de maniobras en el mar con tempestad durante varios días. Yo servía en el buque insignia y estaba de guardia en el puente cuando caía la noche. La visibilidad era pobre; había niebla, de modo que el capitán permanecía sobre el puente supervisando todas las actividades.
Poco después de que oscureciera, el vigía que estaba en el extremo del puente informó: "Luz a estribor".
"¿Rumbo directo o se desvía hacia popa?, gritó el capitán. El vigía respondió "Directo capitán", lo que significaba que nuestro propio curso nos estaba conduciendo a una colisión con aquel buque.
El capitán llamó al encargado de emitir señales. "Envía este mensaje: Estamos a punto de chocar; aconsejamos cambiar 20 grados de rumbo."
Llegó otra señal de respuesta: "Aconsejamos que ustedes cambien 20 grados su rumbo".
El capitán dijo: "Contéstele: Soy capitán; cambie su rumbo 20 grados".
"Soy marinero de segunda clase -nos respondieron-. Mejor cambie su rumbo 20 grados."
El capitán ya estaba hecho, una furia. Espetó: "Conteste: Soy un acorazado. Cambie su rumbo 20 grados".
La linterna del interlocutor envió su último mensaje: "Yo soy un faro".
Cambiamos de rumbo.

Narración de Frank Koch en Proceedings, revista del Instituto Naval
Extraído del libro "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva" 
de Stephen R. Covey