Jorge Bucay

"Estos cuentos han sido escritos sólo
para señalar un lugar o un camino.

El trabajo de buscar dentro,
en lo profundo de cada relato,
el diamante que está escondido...

...es tarea de cada uno"

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Bajo la lluvia

Un hombre caminaba lentamente bajo una intensa lluvia.
Un transeúnte apresurado y protegido con un paraguas lo ve, se detiene ante él y le pregunta:
-¿Por qué no caminas más aprisa?
-También llueve delante -contestó el hombre.

Cuento tradicional
extraído del libro "Las palabras que curan",
de Álex Rovira

martes, 7 de septiembre de 2010

Los pimientos rojos (Jodorowsky, 2006)

En el curso de un viaje, Mulla Nasrudin llega a un pueblo. En el mercado se queda pasmado delante de un tenderete de Frutas exóticas, desconocidas, que encuentra de lo más apetitosas. Le dice al vendedor:
Estas frutas me parecen excelentes. ¡Póngame un kilo!
Se va la mar de contento con su compra. Un poco más lejos, le hinca el diente a una de estas frutas rojas, pero al instante siente que la boca le echa fuego. Se pone rojo. Sus ojos lloran y, sin embargo, continúa comiendo. Un transeúnte, que le está mirando desde hace rato, le aborda:
-Pero ¿qué hace usted?
-Creía que estas frutas eran muy buenas. Pensando que no iba a tener bastante con una sola, he comprado un kilo.
-Comprendo, pero ¿por qué se empeña usted en comérselas? Son pimientos rojos, y son terriblemente fuertes.
-No son los pimientos lo que yo me como ahora -profiere Mulla-, sino mi dinero.

*Moraleja

Si uno quiere cambiar, en un momento dado, hay que ser lo bastante humilde para decirse: «Me he equivocado. He comprado un kilo de pimientos que no puedo comerme, pues me hacen daño. Los dejo y empiezo otra cosa». «He pasado 10 años con esta mujer» o «He estado 8 años como técnico, pero ahora soy un gestor ». No tiene sentido continuar con haciendo lo mismo cuando la realidad ha cambiado.

Cuento facilitado por Miguel Alonso García
Dpto.Psicología Diferencial y del Trabajo
Universidad Complutense de Madrid
https://campusvirtual.ucm.es/prof/edpo.html

domingo, 22 de agosto de 2010

¿Te puedo comprar una hora?

El hombre llegó del trabajo a casa otra vez tarde, cansado e irritado,
y encontró a su hijo de cinco años esperándolo en la puerta.
"Papá, puedo preguntarte algo?"
"Claro, hijo, el qué? respondió el hombre.
"Papá, ¿cuánto dinero ganas por hora?"
"¿Por qué lo preguntas?, dijo un tanto molesto.
"Sólo quiero saberlo. Por favor dime cuánto ganas por hora", suplicó el pequeño.
"Si quieres saberlo, gano 20 dólares por hora".
"Oh", repuso el pequeño inclinando la cabeza.
Luego dijo: "Papá, ¿me puedes prestar 10 dólares, por favor?".
El padre estaba furioso. "Si la razón por la que querías saber cuánto gano es sólo para pedirme que te compre un juguete o cualquier otra tontería, entonces vete ahora mismo a tu habitación y acuéstate. Piensa por qué estás siendo tan egoísta. Trabajo mucho, muchas horas cada día y
no tengo tiempo para estos juegos infantiles".
El pequeño se fue en silencio a su habitación y cerró la puerta. El hombre se sentó y empezó a darle vueltas al interrogatorio del niño. "¡Cómo puede preguntar eso sólo para conseguir algo de dinero!". Después de un rato, el hombre se calmó y empezó a pensar que había sido un poco duro con su hijo. Quizás había algo que realmente necesitaba comprar con esos 10 dólares y, de hecho, no le pedía dinero a menudo. Fue a la puerta de la habitación del niño y la abrió.
"¿Estás dormido, hijo?", preguntó.
"No, papá. Estoy despierto" respondió el niño.
"He estado pensando, y quizá he sido demasiado duro contigo antes. Ha sido un día muy largo y lo he pagado contigo. Aquí tienes los 10 dólares que me has pedido".
El niño se sentó sonriente: "¡Oh, gracias, papá!", exclamó. Entonces, rebuscando bajo su almohada, sacó algunos billetes arrugados más. El pequeño contó despacio su dinero y entonces miró al hombre, el cual, viendo que el niño ya tenía dinero, empezaba a enfadarse de nuevo.
"¿Por qué necesitabas dinero y ya tenías?", refunfuñó el padre.
"Porque todavía no tenía bastante, pero ahora sí tengo. Papá, ahora tengo 20 dólares..., ¿puedo comprar una hora de tu tiempo?".
Cuento aportado por Miguel Alonso García
Dpto.Psicología Diferencial y del Trabajo
Universidad Complutense de Madrid