Jorge Bucay

"Estos cuentos han sido escritos sólo
para señalar un lugar o un camino.

El trabajo de buscar dentro,
en lo profundo de cada relato,
el diamante que está escondido...

...es tarea de cada uno"

domingo, 30 de octubre de 2011

Enfrentar nuestros miedos

En una ocasión, un león se acercó hasta un lago
de aguas cristalinas para calmar su sed.
Al acercarse, vio su rostro reflejado en ellas y pensó:
-Dios!, este lago debe ser de ese león!!!
Tengo que tener mucho cuidado con él.

Atemorizado, se retiró de las aguas.
Pero tenía tanta sed que regresó nuevamente.
Aunque ¡ahí estaba otra vez el “león”!… ¿Qué hacer?
¡La sed lo devoraba y no había otro lago cercano!
Retrocedió.

Unos minutos después volvió a intentarlo y
al ver de nuevo al “león”, abrió las fauces
amenazadoramente pero, al comprobar que el otro
“león” hacía lo mismo, sintió terror. ¡Salió corriendo!
Sin embargo… ¡era tanta la sed!

Lo intentó varias veces, pero siempre huía espantado.
Como la sed era cada vez más intensa,
tomó la decisión de beber agua del lago,
sucediera lo que sucediera.
Así lo hizo.

Entonces sucedió lo insospechado:
al meter la cabeza en las aguas,
el “león” simplemente desapareció!!!

El sabio Maestro dice:

“Muchos de nuestros temores son imaginarios.
Sólo cuando los enfrentamos desaparecen. No dejemos
que nuestra imaginación descontrolada usurpe el lugar
de la realidad, ni nos perdamos en las creaciones y reflejos
de nuestras propias mentes…”

(autor desconocido)
Extraído de Coaching para Todos

miércoles, 31 de agosto de 2011

El miedo al fracaso

Una mañana, Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y comenzó a gritar:


–¡hoy tendremos un concurso, quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro!

–¡Lo que está dentro de este pañuelo tiene el centro amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está dentro de una cáscara que se rompe fácilmente!

La gente seguía mirándole con sorpresa y él no paraba de gritar:

–¡Lo que está dentro de este pañuelo es un símbolo de la fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos! ¿Quien es capaz de decirme de qué se trata?

Evidentemente, todos pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza equivocándose delante de los demás.

Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo equivocado. Entonces, abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.

–Todos conocíais la respuesta –afirmó– y nadie se atrevió a decirla.

Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: El miedo al fracaso.
Extraído de Coaching para Todos

miércoles, 27 de julio de 2011

El campesino

Hace mucho tiempo un rey colocó una gran roca obstaculizando uno de los caminos
más transitados de la comarca. Se escondió y miró para ver si alguien quitaba la
tremenda piedra.
Algunos decidieron continuar su viaje a pesar de la piedra, tomando un camino
alternativo que suponía cruzar el río a pié y subir una montaña, con lo cual les retrasaba
el viaje unas tres horas.
Otros dieron media vuelta, y decidieron acudir a otros mercados para vender sus
mercancías, tomando otros caminos.
Muchos culparon al rey por no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo
nada para sacar la piedra el camino.
Un campesino, que pasaba por allí con una carga de verduras, la vio. Al aproximarse a
ella, puso su carga en el suelo y se sentó a reflexionar: podía arriesgarse y partir hacia
otro mercado, tomando otro camino, pero entonces no tenía asegurado vender su
mercancía. Podía tomar el camino alternativo, cruzando el río a pie, pero perdería
tiempo. O bien podría intentar mover la roca, a un lado del camino, y dejarlo despejado.
Decidió intentar mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse
mucho, con gran esfuerzo, no logró mover la piedra ni un milímetro. La piedra era muy
pesada, y sólo no podría moverla.
El campesino miró a su alrededor; como todo el mundo evitaba este camino, no había
nadie que le pudiese ayudar. Cogió un gran tronco que había en el suelo, para hacer
palanca en la base de la piedra, volvió a mirar a su alrededor, le daba un poco de
vergüenza, pero tenía que intentarlo. Y… la piedra se movió, al principio un pequeño
movimiento hacia un lado, pero de repente, echó a rodar y quedó a varios metros del
camino.
Mientras recogía su carga de vegetales, vio extrañado una bolsa en el suelo, justo donde
había estado la roca.
La bolsa contenía varias monedas de oro y una nota del mismo rey diciendo que el oro
era la recompensa para la persona que removiera la piedra del camino.
El campesino aprendió ese día que cada obstáculo puede estar disfrazando una
oportunidad.
Cuento facilitado por Miguel Alonso García
Dpto.Psicología Diferencial y del Trabajo
Universidad Complutense de Madrid
https://campusvirtual.ucm.es/prof/edpo.html